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miércoles, 21 de octubre de 2015

El gimnasio es lo mejor que hay y también lo peor, en algunos casos, claro está.

Pero te ríes.

Sudas.
Te lesionas.
Te cansas.
Hablas más que en un día de mercadillo.
Pero te ríes a veces.

Como este mes estoy en fase REM, OM, etc, quiero que participéis vosotros más en los temas, es decir, quiero anécdotas que os hayan pasado o contado sobre cosas del gimnasio, deportes en general, cosas así, vosotros ya sabéis, sois listos.

Yo pondré, por ejemplo, la penúltima que hizo que casi me cayese de la cinta.

Estoy yo ahí tan pancho y tranquilo intentando esquivar la fricción de la cinta contra mis pies, sin conseguirlo porque todavía no vuelo del todo. PERO LO INTENTABA.
Ya sudaba bastante, por cierto y no estaba contento o muy poco, aburrido, pues bastante porque eso de correr hacia ningún sitio es bastante aburridillo. A veces imagino que huyo de la policía pero es que tampoco corro mucho más de lo normal, siempre me cogen hasta los policías jubilados.
Pero no pasa nada, también se cotillea bien desde la cinta de correr y más si la tienes subida en cuesta, que es lo que me gusta a mí, eso de correr con la cinta a 0 de altura es para gente de otros pueblos que sean llanos, para el mío hay que practicar con una elevación del 12 en adelante.
Y claro, como con esas elevaciones andar se hace muy pesado y cuesta menos correr, pues corro.

Con esos esfuerzos y lamentaciones apareció un compañero de fatigas del gimnasio.

Os tengo que explicar que sobre las 10 de la mañana hay una ventana que envía potentes rayos de sol hacia dentro de una zona del gimnasio, precisamente a las 10 y 8 me da en las espinillas a mí en la cinta pero a las 10 y 15 da justo en la parte de arriba de la máquina del press de banca.
(Esa tabla en la que te echas y levantas la barra y todo eso, túyasabes).

En fin, que el amiguete se prepara su barra, sus discos de pesas súper guapos en dicha barra y, más ancho que largo se dispone a acostarse en la banca.

Se acuesta, agarra la barra y se da cuenta que le da el sol en todos los ojos.
Se levanta cabreado, coge un palo largo que usamos para, por ejemplo hacer giros lumbares entre otras cosas pero también para cerrar las ventanas corredizas porque están altas.

Y VA Y CIERRA LA VENTANA POR LA QUE ENTRA EL SOL.

No sé si lo habréis pillado.

Os contaré lo que hizo después de darse cuenta él.

SE CAMBIÓ A LA OTRA BANCA DONDE NO DA EL SOL.

En fin, os toca.


1 comentario:

  1. jejeje que listo.
    Me acuerdo que una vez un compañero de entrenamiento estaba haciendo trideps y al soltar la barra para que volviera a su posición los tornillos del enganche se le engancharon en la nariz jajajajaja
    menudas risas.
    un abrazo compi

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