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viernes, 12 de octubre de 2012

Relatos EldanY. El Silbón.





Pongamos un poco de leyenda venezolana acompañada de una pizca de mi imaginación también.
Lo mismo no es leyenda ni lo estoy imaginando...


-Qué buena fiesta nos estamos corriendo-decía el rubio Juan ya medio achispado.
-La mejor de toda mi vida y aún nos ha sobrado bebida-dijo Carlos-pero tenemos que tener cuidado por si viene la policía, somos menores.
-No os preocupéis, por aquí no pasa ni Dios-soltó una carcajada el grandón Pedro.

Eran 3 chicos jóvenes que estaban de botellón por el bosque a pesar de las recomendaciones de sus padres de que no se alejasen mucho y sobre todo, no bebiesen alcohol jamás. Pero estaba muy rico y se echaban muchas risas con la bebida. Así que despreciaron los sabios consejos y compraron gran cantidad de líquido elemento de la que ya habían dado cuenta de más de la mitad.

Escucharon un ruido y unas voces y echaron a correr para esconderse por si era la policía.
-Corred, que no nos vean-dijo el miedoso Carlos mientras corría.
-Estamos perdidos si nos ven así-comentó Pedro casi axfisiándose por su carrera.
-Mirad, venid aquí-pidió Juan-hay una cueva.

Todos entraron rápidamente y taparon mejor la entrada.
En efecto, era la policía la que pasaba a los pocos momentos cerca de la cueva pero no dieron señales de ver nada y pasaron de largo.

Los chicos empezaron a reirse y abrieron un poco la entrada de la cueva para tener algo de luz y seguir su fiesta allí.
-Menudo escondite nos acabamos de encontrar amigos, ahora tendremos un sitio fijo para festejar.
-Sí, será nuestro rincón secreto-adujo Carlos.

-Hey, mirad-exclamó de pronto Juan-hay unos huesos por aquí esparcidos.
-Bah-despreció Pedro-huesos de algunos animales, tal vez ovejas, sigamos la fiesta.
El tiempo se despejó más y ahora lucía muchos sol en el exterior por lo que entraba más luz aún en la cueva.
Carlos, que era muy cotillo, echó una breve ojeada a la cueva, que ahora se veía muy bien y al poco, se acercó a una lisa pared en la que parecía haber algo escrito.

-Chicos, pinturas rupestres-dijo.

Todos se acercaron a mirar y Juan le dio un pescozón.
-Idiota, los primitivos no conocían el alfabeto y aquí se distinguen muy bien letras como las que usamos.

-Cierto-dijo Pedro, empezando a leer.

-Maldito sea el día que convencí a mis primos a celebrar mi cumpleaños y beber alcohol.
Mis tíos siempre nos dijeron que jamás bebiésemos y que nos cuidásemos del Silbón.

-Vaya tontería estás leyendo-dijo Carlos-cuentos de niños, el Silbón, el chupa alcohol.

Pedro siguió leyendo.
-Cuando más felices estábamos y mas bebidos, algo muy grande nos golpeó y nos despertamos en esta cueva. Aterrado ví a uno de mis primos tumbado en el suelo y algo enorme estaba haciendo algo sobre él, estaba como mordiéndole el cuello.

Intenté moverme pero estaba atado con raíces al igual que mi otro primo, no podía hacer nada.
El ser ese, mediría como 3 metros, calculo, siguió chupando de mi primo y de repente, lo cogió con una mano y lo estrelló contra una de las paredes. Se irguió y se acercó a mi otro primo tambaleándose, parecía achispado también. Ahí mismo, a mi lado, se puso encima de mi otro primo y con horror descubrí que le mordía en el cuello mientras con otra mano, le arrancó el hígado y haciendo una pausa, se lo metía en la boca y se lo tragaba. Hizo un sonido como de éxtasis y cada vez parecía más borracho el monstruo ese.

Cuando terminó, creí que vendría a por mí pero me equivoqué, se irgió y se iba para los lados, seguramente había demasiado alcohol en la sangre de mis primos para su gusto y tenía una fuerte cogorza, me echó una mirada como diciendo, el siguiente serás tú pero tendrás que esperar y salió de la cueva. Aliviado pensé que esa era la mía y que podría escapar pero el monstruo la bloqueó con unas grandes rocas.

A duras penas conseguí desatarme e intentar mover esas rocas pero por lo menos pesaría cada una 300 kg. no podía moverlas ni un milímetro. Lo intenté de todas formas y nada.
Era mi fin, moriría allí pero por lo menos dejaría constancia de lo que había pasado por si alguien lo leía.
Con los dientes me corté las venas de la muñeca y mojando el dedo comencé a escribir esto. Solamente espero que antes que llegue ese ser, me haya desangrado del todo y no sienta nada.

-Madre mía, cuánta imaginación tienen algunos-dijo Carlos.
-Deberíamos irnos ya-soltó Pedro-yo he oído la historia de el Silbón y es aterradora. Cuentan que ataca a los borrachos para chuparles el alcohol por el ombligo y que si escuchas el silbido muy fuerte es que está lejos y si no se escucha, está a tu lado.

-Paparruchas-contestó Juan-cuentos de viejas.
Pero fue el primero en intentar salir de la cueva, digo bien. Lo intentó, antes que saliese, algo enorme entró con un gran saco a sus espaldas. Algo como de 3 metros , muy alto y delgado.

1 comentario:

  1. recuerdo muy bien esta historia danny muy buena de una leyenda de mi pais sacaste una creativa creación de ese señor silbon que es muy parecido o hasta mas lindo que el real de la leyenda jeje lo que se es q tiene el mismo silbido fuerte que enloquece a los bebedores de alcohol

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